Al Arabi: Tradición Árabe de Cartagena.
Ubicado en: Centro Comercial Buenavista 2. Local 416 A
Era jueves santo, un día aparentemente muerto en la ciudad de Barranquilla. Eran aproximadamente las 7:30 P.M. Unas amigas y yo, estábamos de compras en el centro comercial Buenavista 2 y nos antojamos por dulces. Yo había propuesto ir a La Ganache porque a mi juicio culinario-repostrero-critico es el mejor lugar para satisfacerse de dulces y postres en esta ciudad. Y porque además, me encantan los colores y la distribución del lugar.
Sin embargo, por más deliciosos que se veían los postres mis amigas, a diferencia de mí, les apetecía algo más sustancioso, algo más salado, algo más parecido a una cena con entrada y plato fuerte. Tenían hambre.
Caminamos y vimos un bonito lugar Al Arabi. Yo soy muy visual, así que los colores y la decoración de algún lugar pueden seducirme más que el lugar mismo. Así que entramos a ese restaurante. Nos sentamos en el lugar más bonito, que es la parte de atrás, en uno sillones rojos. Una mesa más o menos bien puesta.
Nos atendió una mujer, quien al inicio no entendía nada de lo que le pedíamos. Pero, repitió todo lo dicho, antes de llevarse el pedido: Medio Tabule, Un tahini, un coctel de camarones y media jarra de sangría.
Para ese momento ya serían las 7:50 P.M. No eramos las únicas comensales del lugar, había una pareja cerca de nuestra mesa, quienes ya habían ordenado su entrada y estaban bebiendo algún coctel o jugo de color rojo. Más adelante había una mesa con tres personas quienes bebían cocteles también y comían alguna entrada. A la entrada del lugar había dos mesas más ocupadas. Una de las mesas con más de 5 comensales entre niños y adultos y la otra con dos comensales.
Todas las mesas habían sido servidas hasta el momento con entradas o con bebidas.
Alrededor de las 8 P.M las mesas se llenaron más. Sólo unas dos o tres mesas más. Ese día el lugar parecía contar con tres meseros y una chica en la caja.
Al lado de nuestra mesa, se sentó el periodista Jorge Cura, junto a su esposa, su hija y alguna invitada.
En mi mesa, mis amigas y yo seguíamos nuestra conversación. Con sed y hambre. La mesa de la pareja que bebía un coctel anteriormente, ahora estaba en su plato fuerte. Una pareja que acababa de llegar también era atendida.
El honorable Jorge Cura, quien apareció 30 minutos después que nosotras llegáramos y ordenáramos en el restaurante. Ya había comido su entrada y esperaba su plato fuerte. Su esposa, le pedía con mucha diligencia a la mesera que se agilizara.
En ese momento, en mi mesa comenzamos a impacientarnos. Todos los comensales, quienes estaban antes y después de nuestra llegada estaban servidos. Estaban comiendo. Estaban siendo atendidos.
¿Cuánto puede demorarse preparar un coctel de camarones? ¿Cuánto puede demorar servir de manera bien presentada, un plato de medio tabule y servir el tahini con pan árabe? Incluso, no entiendo ¿Qué puede demorarse picar unas manzanas, unas peras, una naranja, poner vino tinto, hielo y gaseosa, para la media jarra de sangría?
Todo esto en comparación con los platos trabajosos que se veían desfilar en las otras mesas.
Llamamos 2 veces a la mesera para preguntarle por nuestro pedido. Ella decía: Ya está, ya lo traigo. Y a esto agréguenle 10 minutos de demora, si es que no era más.
Luego nos sirvió la media jarra de Sangría. 15 minutos más tarde sirvió el tabule y el tahini. 10 minutos más tarde sirvió el coctel de camarones.
Este lugar, es una falta de respeto al cliente. ¿Acaso necesito ser Jorge Cura para que me atiendan? No entiendo porque tengo que esperar más de 40 minutos por una ensaladita a la que le hacia falta couscus, por un tahini que ya han debido tener preparado y por cortar unos trozos de pan árabe.
Recuerdo aquella vez que fui al restaurante Árabe gourmet o al Restaurante Tripoli, especialistas en comida árabe en esta ciudad. Y pedí en ambos lugares un plato mixto y un plato de tahini. Si se demoraron 20 minutos en traer el pedido fue mucho, siendo platos más elaborados y teniendo ellos muchos más comensales que el restaurante “Al Arabi” aquel jueves santo.
Comimos, la comida no estaba muy rica en comparación con otros lugares de comida Arabe, de hecho, mi comentario fue: Mi tahini queda más rico que éste. Al finalizar la comida, nos levantamos, llegamos al mostrador y pedimos a la chica la cuenta porque sabiamos que se demorarían más, mucho más en llevarnos la cuenta. Y ya habiamos pasado por mucho como para querer seguir un segundo más en ese lugar.
Para el amante de la buena comida y que guste de un buen servicio al cliente, le doy un consejo: Al Arabi, no es su lugar.